Estoy harto. Harto de no poder quejarme. Harto de tener que tragar con todo por ser aficionado de un equipo que, por alguna razón que desconozco, es el único que no puede quejarse nunca de nada.
Cuando se pierde, hay que hacer autocrítica. De acuerdo. Hagamos autocrítica entonces. El Madrid de este año no está jugando como el del año pasado, vale. Hacía falta un lateral derecho y no se fichó, vale. Empezó mal la Liga físicamente por una pretemporada diseñada para estar bien más adelante, vale. Los jugadores dan la sensación de haber perdido la enorme ambición que tenían el año pasado, vale. Cuando un partido se complica, el equipo entra en un estado de desesperación y crispación alarmante demasiado pronto, vale. Se han hecho cosas mal, vale. VA-LE.
Y ahora, ¿qué tiene que ver que se hayan hecho cosas mal con que el Madrid esté pagando un precio excesivo por ellas?
Porque resulta que todo, absolutamente todo, lo que depende de la suerte nos está saliendo mal este año. Y la suerte juega un papel muy importante en el fútbol, en el deporte en general.
Depende de la suerte el sorteo de la fase de grupos de la Champions, y mientras al Barcelona le toca un grupo de Europa League, al Madrid le toca el campeón de Inglaterra y el de Alemania. Adiós a la posibilidad de hacer rotaciones, adiós a la posibilidad de pasar de fase sin acumulación de tarjetas, adiós a la posibilidad de zanjar la clasificación en los primeros cuatro partidos y dar descansos para centrarse en otras cosas.
También dependen de la suerte las lesiones, y en lo que va de temporada se han lesionado casi todos los jugadores de la plantilla al menos una vez. Y no jugadores cualquiera, jugadores importantes en momentos clave, como Khedira en Alemania contra el Borussia, Pepe en el inicio titubeante de la Liga, cuando más necesario era, Marcelo y Coentrao al mismo tiempo, Benzema e Higuaín al mismo tiempo...
Y luego está la "suerte". Porque ya es "mala suerte" que en Champions, en tu propia casa, te anulen un gol legal contra el Borussia, no te piten un penalti a favor y acabes empatando y quedándote casi sin posibilidades de acabar primero de grupo. Ya es "mala suerte" que dos semanas después visites el campo del Manchester City y no te piten un penalti a favor ni un montón de faltas, te piten en contra un penalti que no es y además te dejen con 10 injustamente. Es "mala suerte" que en el primer partido de Liga empates con el Valencia y no te piten un penalti a favor, y que encima el gol que te metan venga de una falta que no es. (Pero claro, hubo una jugada anulada a Soldado por fuera de juego, de la que no hay ninguna toma que aclare si lo es o no, y al final resulta que tenemos que dar hasta las gracias). También es "mala suerte" perder en Getafe 2-1 con un gol que viene de una mano de un jugador del Getafe. También es "mala suerte" perder contra el Sevilla 1-0 y que el árbitro se trague un penalti a Cristiano Ronaldo. También es "mala suerte" que en el Camp Nou, con 1-1, el árbitro no viese un penalti a Özil. También es "mala suerte" que en el campo del Levante le abran la ceja a Cristiano y agredan a Xabi Alonso y los jugadores responsables acaben el partido. Y que el Levante marque el gol del empate en fuera de juego también, "mala suerte". Y por supuesto, también es "mala suerte" que perdiendo 1-0 contra el Betis se anule un gol legal a Benzema y en el minuto 90 no se pite un penalti claro por mano en el área del Betis. Pero claro, no nos podemos quejar, que si nos quejamos somos unos llorones. Y es que resulta que el otro día no se pitó una mano de Coentrao en el área contra el Athletic cuando el Madrid ganaba 3-1 y ya no nos podemos quejar por nada, porque seguramente el Athletic, visto el gran juego que está desplegando este año y que después el Madrid fue incapaz de marcar dos goles más, habría remontado y habría ganado 3-4 de haberse pitado ese penalti.
Pero es que claro, tampoco nos podemos quejar de la "suerte" que tienen nuestros rivales, porque resulta que nosotros lo único que podemos hacer es echar la culpa de todo a Mourinho, a Cristiano Ronaldo, a Arbeloa, a Khedira, a Pepe y a Coentrao. Que ellos tienen la culpa de que diversos errores arbitrales impidiesen las derrotas del Barcelona en Pamplona y Sevilla, y también de que se anulase un gol legal al Valencia en el Camp Nou que habría supuesto el empate. Y de que el Barcelona marcase goles en fuera de juego contra Celta y Mallorca que resolvieron esos partidos.
Y también hay que tener muy "mala suerte" para que los equipos rivales salgan con el cuchillo entre los dientes cuando juegan contra el Madrid y le pongan una alfombra roja al Barcelona. Porque el Levante hizo 26 faltas contra el Madrid y sólo 7 contra el Barcelona, y eso es también es "mala suerte". Que en todos los campos de España se insulte a los jugadores del Madrid y sean condescendientes con los del Barcelona también es "mala suerte".
No hacer autocrítica sería un error, porque un equipo de fútbol siempre tiene que dar el máximo, y este Madrid todavía está lejos de lo que ha demostrado ser capaz de hacer. Pero eso sí, negar que tanto la suerte como la "suerte" han jugado un papel perjudicial contra el equipo es absurdo, además de injusto.
Las bajas afectan, los errores arbitrales en contra afectan, los errores arbitrales a favor del rival afectan. Porque sí, estaremos mal, pero la diferencia de 11 puntos en Liga con el Barcelona no está cimentada solo en el estado de forma de los dos equipos. Y negar esto, es negar una evidencia.
No son excusas, son verdades.
Estamos en una época en la que hasta un gol de un canterano del Madrid en la Liga alemana vale para echar mierda sobre el equipo y el entrenador y gran parte del madridismo se dedica a decir que "somos el Madrid, y no nos podemos quejar de mala suerte ni poner excusas, lo que tienen que hacer es jugar mejor". Y pasarán los años y yo seguiré sin entender que no nos podamos quejar cuando nos agravian claramente. Pero yo seguiré siendo madridista hasta que me muera, el problema es que el mejor entrenador del mundo está en nuestro equipo y él tampoco lo entiende. No entiende que sea él el único que proteste cuando se ríen de nosotros en nuestra cara. Y él no tiene por qué aguantar todo esto, bastante ha aguantado ya.